La Cita - Un Toque de Humor Fino
Nota de Ana Moya, seleccionada por el Dr. Juan J. Giannetti
Estoy re-nerviosa...es mi primera cita con él... a las 19 hs. Y estoy retrasada...
Primero, la esponja de crin: por los brazos, el abdomen, la panza, la cola. Por los muslos y las piernas, me la paso del lado más suave, porque ayer me depilé, y todavía estoy que mírame y no me toqués (seguro que él me va a pasar la mano por esos lugares, y sabe Dios lo que voy a sentir). ¡Qué manía tienen las minas que depilan! Prueban la cera en el dorso de su propia mano...y todavía me discutía: “¡Qué va a estar caliente!” Claro, si la que iba a depilarse era yo... (Esa zona se irrita siempre, pero en estas circunstancias era imprescindible).

Me ponen loca esos jueguitos de poder: resulta que voy, pierdo media tarde, pago, y la chica del gabinete se apodera de mi peluda humanidad y decide cuándo me va a pasar la cera, aunque para mí, sea lava. Salí de la peluquería eyectada y ardiente, y la dejé a la depiladora hablando sola sobre no sé qué máscara descongestiva...

Ahora la piedra pómez: en el talón, en el dedo gordo...¡huy!, me parece que aquí se me está haciendo un callito, seguro que fueron las sandalias verdes. El agua está saliendo muy caliente... así está mejor. Ahora, cinco minutos de relax...que no pueden ser, porque Ricardito acaba de anunciar: “Má, salí del baño, que me hago pis encima”. Así que, un golpe de ducha fría, chinelas, toallón...y perdí. Me queda el dormitorio, que extrañamente está solitario, porque los chicos están con el padre en el living mirando un partido de fútbol por la tele. Me froto vigorosamente, como manda el Canal "Cosmopolitan" (ése que es exclusivo para mujeres): “estimule la circulación, sea generosa con la crema humectante, relájese, piense en cosas agradables” (¿será él lo suficientemente agradable como para que yo me sienta bien, y tenga ganas de volver a verlo?)... No tengo tiempo, la cita es a las 19...

Desodorante, unas gotas de ese aceite que me regalaron los chicos para mi cumpleaños (me va a venir bien en los codos y en los talones), tres cepillazos en el pelo. ¿El trajecito celeste? Me lo puse ayer...¿El pantalón blanco? Ah, no. Cierto que pantalones, no. Me dará mucho trabajo sacármelos...Pero, si dije que me iba a poner la pollera verde, (así le facilitaré las cosas)... Ya está: la pollera verde, la remera mostaza, las sandalias marrones y el bolso de siempre, que ahí tengo todo: así me voy pintando por el camino. ¿Dónde habrán dejado éstos las llaves del auto?. Me asomo al microcosmos de latas de gaseosas, sándwiches, zapatillas abandonadas por el piso y pies sobre la mesa: “Please ¿las llaves del auto, chiquitos?” Nada...”¡¡Las llaves del autooo, que no llegooo!!”. Por fin me las tiran, las atrapo en el aire y salgo disparada. En los semáforos me iré pintando: tengo cuatro cortes, seguro. Cubreojeras, rimel, rubor y labial...

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Mi Dios...Cuando le cuente a Laurita no me lo va a creer: canosito él, camisa a rayas con puños blancos y cuello ídem, el nudo de la corbata bien gordo, como me gusta a mí... (mi marido lo luce flaquito, medio arrugado...)

Me saludó, mirándome por encima de los anteojos de leer...(bueno, nadie es perfecto...), un apretujón de manos reconfortante...(qué manos tan calentitas...). Tenía manos expresivas, con uñas pulidas. Yo cuido mucho esos detalles; a mí sólo se me veían los nudillos blancos sobre la manija del bolso, apoyado sobre las rodillas juntas y duras como dos estacas.

El que hacía las preguntas, era él; a mí no se me ocurría ninguna. Yo sólo tenía registro para mis olores corporales, que se mofaban del baño de sales, del desodorante, del aceite perfumado con hierbas del bosque: estaba sudando, y las piernas me ardían...(sería por el depilado de ayer, o por la nerviosa emoción que me invadía?). Me aferré al último curso de control mental: “¿El baño está por aquí? Permiso”. Abrí la canilla al tope y me mojé las sienes, hice pis, me saqué la bombacha y la guardé, decidida a facilitar las cosas. Cuando volví, él escribía algo con una lapicera azul preciosa...”Primero, vamos a pedir unos análisis, luego un PAP y una COLPO. El examen ginecológico, lo haremos la próxima visita. Dígale a la secretaria que le dé un turno para la semana que viene”.


NOTA: La autora, Ana Moya, es periodista especializada en Moda, Turismo y Sociedad. Pertenece a la Redacción de Ambito Financiero. Este trabajo salió recientemente publicado en la Revista SIDUS EN GINECOLOGÍA.
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