Las Primeras Médicas Argentinas
Nota del Dr. Juan José Giannetti
Un poco de Historia de la Medicina Argentina

Hoy la presencia de las mujeres en el ámbito de la ciencia es un hecho indiscutible. En las universidades y centros de estudios del país el porcentaje de mujeres que llegan a concluir las carreras es mayor que el de los hombres.

Asimismo, el espacio en el campo laboral, se ha incrementado con el paso de los años en forma notoria.

Sin embargo, esta realidad es disímil a la vivida en los orígenes de la incorporación femenina a las distintas profesiones ligadas al quehacer científico.

El ingreso de las mujeres a las escuelas médicas ocurre alrededor de 1880, tanto en nuestro país como en el resto de los países de Latinoamérica. En esos años se incorpora a la entonces Facultad de Ciencias Médicas de Buenos Aires, Elida Passo, primera estudiante que se graduó en 1885 como farmacéutica. En 1889 obtiene su título Cecilia Grierson, la primera médica argentina. En ese entonces el sexo femenino estaba representado en las profesiones sanitarias como enfermeras, parteras, pero como médica, dentista o farmacéutica, era casi una curiosidad.

Ya en la segunda década del 1900 se diploman 29 mujeres en la Facultad de Medicina de Buenos Aires y una en Córdoba. A pesar de que las cifras iban creciendo, continuaba siendo una excentricidad la presencia femenina en los centros médicos.

En gran porcentaje, las recién graduadas, tendían a reubicarse en algunos roles tradicionales que la sociedad asignaba a las mujeres. Estas médicas fueron profesoras en las escuelas de enfermería, inspectoras de nodrizas, profesoras de puericultura, encargadas de dispensarios, médicas de sanidad.

A pesar de haber sido un grupo reducido, estas mujeres emprendedoras, realizaron aportes significativos, no sólo en la ciencia, sino también dentro de la historia social.

Cecilia Grierson: La Primera Médica Argentina
Nació en Buenos Aires el 22 de noviembre de 1859. Transcurrió su niñez en los campos de Entre Ríos, en el litoral argentino. Sus padres la enviaron a estudiar a Buenos Aires, pero por poco tiempo. La guerra y la enfermedad de su padre quebraron la situación económica de los Grierson, y tuvo que regresar para ayudar a su familia. Comenzó entonces lo que sería su primera vocación: la docencia.

Apenas con trece años, ya enseñó en la escuela rural junto a su madre, durante tres años.

A la muerte de su padre, volvió a Buenos Aires, se empleó como institutriz y comenzó a estudiar magisterio. La muerte de su amiga Amelia Köenig, víctima de una penosa enfermedad, la llevó a cambiar sus rumbos y decidió matricularse en la Facultad de Medicina. Hizo su propia defensa escrita para obtener un permiso especial por ser mujer.

Cecilia Grierson estudió en una atmósfera de críticas, comentarios malévolos y burlas de sus compañeros. Mientras cursaba las materias de grado obtuvo el cargo de ayudante de Histología ad honorem de la Facultad y, en 1885, el de Practicante de la Atención Pública en distintos hospitales.

En 1886, durante la epidemia del cólera, atendió a los enfermos de la Casa de Aislamiento (hoy Hospital Muñiz). Comenzó allí a ver la necesidad de formar personal auxiliar del médico, de modo innovador para la Argentina de entonces, volcando en la enseñanza de la enfermería los nuevos enfoques europeos y fundamentalmente británicos.

Fundó la primera Escuela de Enfermeras del país, inspirada en los informes de la III Conferencia Internacional de la Cruz Roja, respecto a las escuelas de samaritanas.

En 1888 fue practicante en el Hospital Rivadavia, un hecho que fue revolucionario. Un año después defendió y aprobó su tesis: Histero–ovariotomías. Ingresó al Hospital San Roque (hoy Ramos Mejía). Allí consolidó su convencimiento de profesionalizar la práctica de enfermería.

En 1891 creó oficialmente la Escuela de Enfermeras del Círculo Médico Argentino. En 1892 hizo lo propio con la Sociedad Argentina de Primeros Auxilios y publicó un libro sobre la Atención de heridos en accidentes. Paralelamente atendió en su consultorio psicopedagógico gratuito dedicado a la niñez con retardo.

Fue enviada a Europa por el gobierno para conocer la realidad educativa. A su vuelta propuso cambios en las currículas y publicó el libro Educación Técnica de la Mujer.

En 1901 fue fundadora de la Asociación Obstétrica Nacional. Cumplió un rol destacado en los primeros años de vida del Partido Socialista Argentino. Junto a Alicia Moreau de Justo, inició la lucha por los derechos civiles y políticos femeninos.

En 1900 fomentó la creación del Consejo Nacional de Mujeres.
Tras una actividad incansable, ya enferma, se retiró definitivamente y se instaló en la localidad de Los Cocos, en Córdoba.

Murió en Buenos Aires el 10 de Abril de 1934, a los 74 años.

Esta es una nota publicada en la Revista de la Caja de Seguridad Social para los Profesionales del Arte de Curar de la Provincia de Santa Fe.
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