Trastornos de Diferenciación Sexual:
Qué pasa cuando un bebé nace con los dos sexos
Nota del Dr. Juan José Giannetti
Aunque los bebés que nacen con algún trastorno de diferenciación sexual son pocos en relación al total de los nacimientos, los especialistas coinciden en que el impacto emocional que se produce en cada uno de ellos y sus familiares es enorme.

La contención profesional, tanto para la familia como para el niño en todo el proceso de su crecimiento, parece ser la clave para evitar futuros sufrimientos.

En general, del tema se habla poco, aunque ahora la discusión en torno a la intersexualidad está en el centro de la escena por la proyección de la película “XXY”, que aborda justamente la problemática. Alex, la protagonista de la película, recibió al nacer el diagnóstico de “intersexo”, pero sus padres decidieron escapar a los protocolos médicos, que prescriben la realización de operaciones de asignación de sexo y dejar que Alex decida si quiere ser varón o mujer cuando llegue a su adolescencia.

El protocolo de atención de niños y niñas intersexuales utilizado por la medicina convencional promueve desde muy temprana edad intervenciones quirúrgicas que tienen como finalidad adaptar el cuerpo a hombre o mujer. Suelen ser soluciones drásticas y no siempre consideradas y abordadas interdisciplinariamente. De allí que sea tan importante acompañar a la familia desde el primer momento y durante el crecimiento del niño, ya que las consecuencias de un error pueden ser muy negativas.

Desde hace algunos años la Organización Internacional de los Intersexuales fijó una postura oficial sobre los tratamientos médicos para esta problemática. Entre los puntos más sobresalientes señalan que están en contra de “toda intervención quirúrgica que no sea necesaria hacia niños nacidos con órganos genitales atípicos y por el derecho de cada niño intersexual para determinar su propia identidad una vez que el menor pueda comunicarla y hacer todo lo necesario para que el menor pueda vivir como niño o niña según su elección”.

En la teoría este planteo puede ser muy atractivo, pero en una sociedad como la nuestra, este dejar ser puede traer efectos no deseados y muchos padecimientos. De todos modos y, según muchos científicos, no hay que tomar decisiones apresuradas y en los casos en que es posible, es mejor esperar hasta la pubertad si la decisión pasa por adaptar quirúrgicamente los órganos externos a lo que corresponde biológicamente.

Las personas que nacen con cromosomas sexuales XX son mujeres; las que nacen con XY son varones. Eso es la normalidad. Pero la naturaleza plantea otras posibilidades. Así, existen individuos XXY, XYY, XXX, por ejemplo.
Otra variante muy conocida es la HIPERPLASIA SUPRARRENAL CONGÉNITA, donde un bebé con cromosomas sexuales XX, o sea una mujer, nace con genitales externos parecidos a los de un varón: (los labios vaginales están unidos y el clítoris se asemeja a un pene).

En el SÍNDROME DE KLINEFELTER (XXY)se trata de varones que poseen una menor carga de hormonas masculinas, por lo que nacen con un pene muy pequeño que puede confundirse con un clítoris.

Estas anomalías sexuales no se detectan hasta el momento del nacimiento. Sí se pueden sospechar cuando hay algún antecedente familiar. Por eso, cuando el obstetra y el neonatólogo reciben al bebé y no pueden constatar fehacientemente el sexo, deben tener mucha precaución en cómo se lo informan a la familia, y buscar apoyo interdisciplinario.

Una vez que se determina por medio de análisis genéticos, ecografías y otros estudios si cromosómicamente esa criatura es nene o nena, se le asigna un sexo externo y de crianza correspondiente.

La no asignación inmediata del sexo no es el mayor problema sino cuando se asigna de manera errónea por confusiones médicas. En ese sentido, la justicia argentina debe aggiornarse. Nos dan poco tiempo para inscribir al bebé como varón o niña, y en el apuro se cometen muchos errores.

Muchos opinan que esperar hasta la pubertad para tomar una determinación no es aconsejable. Ese infante empezará a socializar, irá a la escuela, y no es sano que no sepa si es nene o nena.

Es de destacar el impacto inicial que provoca en los padres el hecho de que un niño nazca con un trastorno de diferenciación sexual. Es similar al del nacimiento de un niño discapacitado. La familia se torna continente o resistente y surgen alianzas afectivas o rechazos. En todo niño los primeros años son fundamentales para la construcción de su seguridad, su socialización, su idea de lo que es la pareja. Si la familia no ofrece seguridad, pueden aparecer severos problemas en cuanto a la constitución de su personalidad.

En el fondo, falta educación sexual y por eso vivimos llenos de prejuicios y temores. La sexualidad debería estar en el discurso cotidiano, porque si no, se entra en el terreno de lo que no se habla, con las nefastas consecuencias que eso trae.

LA PELÍCULA:
El film de Lucía Puenzo no intenta presentar un caso clínico, según manifestó la directora. En realidad, “XXY” – el nombre de la película - alude al Síndrome de Klinefelter, un estado intersexual, que no es el que tiene la adolescente. Al nacer, a Alex le diagnosticaron una Hiperplasia Suprarrenal Congénita, lo que la convierte en una pseudohermafrodita femenina (individuos con sexo genético XX, con ovarios, pero con genitales ambiguos, generalmente bastante masculinos, por lo cual se habla, a veces, de mujeres virilizadas.
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